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¿Cómo anda nuestra vida familiar?

¿Cómo anda nuestra vida familiar?

1.- Lectura Bíblica: Proverbios 3:5, 6

2.- Versículos para memorizar:

“Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar.” (Proverbios 3:5, 6. NTV)

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

Si hay algo maravilloso cuando emprendemos una relación de conyugal, es que juntos construimos muchos sueños.

En las largas horas que pasan los novios conversando conciben planes, se fijan el propósito de no incurrir en los errores en que han caído muchos matrimonios, planean tener un número determinado de hijos, adquirir una casa y tal vez hasta un vehículo. No obstante el paso de los años pareciera apagar todos estos propósitos.

Una vez nos sentamos con mi esposa a revisar lo que habíamos planeado en el noviazgo y debo admitir que la realidad es muy distinta de cuanto soñamos”, compartió un joven profesional al término de un examen de sus diez años de vida en pareja.

¿Está bien renunciar a todo cuanto soñamos en un comienzo? Por cierto que no a menos que evaluemos que resulta inconveniente. No obstante, si esas iniciativas podrían traernos beneficios a todos en casa, es tiempo de recobrar esos sueños.

Ninguna familia es perfecta. Es una realidad sobre la cual debemos reflexionar con frecuencia. Todos de una u otra manera tenemos fallas. Pretender un hogar con altos estándares de perfección es un error. Y si persistimos en lograrlo, caeremos en la frustración.

¿Cuál es el paso a seguir? Hacer un alto en el camino y evaluar cómo se encuentra nuestra familia. Es un proceso en apariencia sencillo pero, en la práctica muy complejo, que nos permite identificar qué errores cometemos y en qué aspectos debemos corregir con ayuda de Dios.

El especialista en temas de familia, Stephen R. Covey, recomienda:
“Cualquiera que sea su situación, reviste importancia que no compare a su familia con otras. Y ninguna es con ninguna. Nadie nunca conocerá la realidad de su situación. Muchas personas piensan que las otras familias son perfectas mientras que las de ellos se están desbaratando; en realidad toda familia tiene sus propios desafíos, sus propias piedras y obstáculos que superar. Lo maravilloso es que la visión es más grande que el equipaje. Eso significa que la sensación de que visualizar el futuro, una situación mejor, o un bienestar, es más poderosa que cualquier situación que usted esté enfrentando hoy… Un enunciado de misión familiar puede convertirse en un “destino” único de su familia y los valores que contiene representarán sus lineamientos.” (Stephen R. Covey. “Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas”. Editorial Grijalbo. 1998. Argentina. Pg.20)
Si no somos una familia perfecta y en todas se cometen errores, antes que reñir con nuestro cónyuge e hijos lo que debemos es fijarnos metas y orientar nuestras acciones hacia esa dirección con ayuda de Dios. Por supuesto, los planes de adquirir una casa, un auto, darles estudio a nuestros hijos, financiar unas vacaciones anuales en lugares hermosos y el listado que podemos elaborar, resulta muy extenso. No obstante lo más importante es afianzar nuestra relación familiar. Es una prioridad.

Evaluarnos es esencial. No obstante, debemos hacerlo no en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios. Él es quien nos concede la sabiduría para obrar apropiadamente en cada caso particular, como nos enseñó el rey Salomón: “Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar.” (Proverbios 3:5, 6. NTV)

No hay errores de nuestro cónyuge o hijos que no se puedan corregir. Siempre será posible en la medida en que haya diálogo y, sobre todo, que involucremos a Dios para que nos ayude a resolver esas dificultades. Dios transforma el corazón de todo ser humano, nos permite superar problemas en las relaciones interpersonales y nos lleva a experimentar mejoramiento continuo en el hogar.

Si hay buenas relaciones familiares, podremos entrar a revisar después los planes y proyectos del pasado.

Lo que no podemos es dilatar la decisión de evaluarnos. Es un paso que debemos dar hoy. Y en segundo lugar, rendir nuestra relación de familia en manos del Señor Jesús. Él sabe cómo obrar y de qué forma hacerlo en cada situación.

Si no ha recibido aún a Jesús como su Señor y Salvador hoy es el día para que tome esa decisión. Puedo asegurarle que no se arrepentirá. El Señor Jesús es quien nos concede la victoria y nos permite alcanzar la relación a nivel personal, espiritual y familiar. Decídase hoy por Jesucristo en su vida y en su familia.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Hemos renunciado a los planes y proyectos de familia que concebimos durante en noviazgo?

b.- ¿Está dispuesto a recobrar sus sueños y metas, que benefician a la familia?

c.- ¿Lucha en sus fuerzas o en el poder de Dios para la materialización de sueños y proyectos?

d.- ¿Cómo aplico la enseñanza de Proverbios 3:5, 6 a nuestra relación de familia?

e.- ¿Hago mi mejor esfuerzo por pasar tiempo con mi familia?

f.- ¿Cómo procuro resolver los conflictos que surgen en el hogar?

Publicado en: Devocionales Diarios


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