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La esposa demanda un trato especial

La esposa demanda un trato especial

1. Lectura Bíblica: Génesis 2:18-25; 1 Pedro 3:7

2. Versículo para memorizar:

“De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes.” (1 Pedro 3:7. NTV)

3. Reflexión en la Palabra de Dios:

El machismo está en contravía del plan de Dios para un hogar sólido. Una actitud agresiva, física o sicológicamente, daña las emociones de nuestra pareja, afecta a los hijos y levanta una enorme barrera para que las cosas vayan bien.

Alguien aconsejé, argumentó por qué golpeaba a su esposa: “Ella me responde y yo la agredo para que aprenda a respetar a los hombres”. Él pretendía que su argumento era bíblico bajo el convencimiento de que Dios había creado primero al hombre, y por tanto era quien llevaba toda la autoridad en casa.

Fue necesario llevarle a la Biblia para que leyera qué está en el plan original de Dios: “Entonces el Señor Dios hizo que el hombre cayera en un profundo sueño. Mientras el hombre dormía, el Señor Dios le sacó una de sus costillas y cerró la abertura. Entonces el Señor Dios hizo de la costilla a una mujer, y la presentó al hombre. «¡Al fin! — exclamó el hombre—. ¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre».“ (Génesis 2:21-23. NTV)

Cada vez que ofendemos a la esposa, nos ofendemos nosotros mismos porque ella es parte nuestra. No es un mero juego de palabras, es real. Dios la creó para que fuera bendición a nuestra vida, y dañarla en sus sentimientos, además de dejar huellas que pueden ser imborrables, es también destruirnos a nosotros.

El apóstol Pedro escribió: “De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes.” (1 Pedro 3:7. NTV)

Es importante observar cuidadosamente el texto y leerlo cuantas veces sea necesario para llegar a la mayor comprensión. La esposa es un vaso frágil al que se debe tratar con sumo cuidado, en las áreas emocional y física. Ese comportamiento mesurado, amoroso y comprensivo, es una forma de honrar a Dios.

Cuando tomamos la decisión de unirnos como pareja, comenzamos una nueva vida. Somos uno solo. Los planes y los proyectos deben orientarse en una misma dirección, la que decidan los dos. Pero además, si surgen dificultades en el camino, deben resolverlos ellos y nadie más que ellos con ayuda de Dios, sin interferencia de familiares, suegros o amistades.

Este principio toma fundamento en lo que enseña Dios en el libro del Génesis: “Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo. Ahora bien, el hombre y su esposa estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.” (Génesis 2:24, 25. NTV)

Cuando tenemos dificultades y compartimos esa “confidencia” con alguien aparte de Dios quien nos ayuda a resolver los problemas, estamos afrentando a la otra persona porque no está bien hablar mal de nuestro cónyuge.

Si le hablamos de él o ella a una persona amiga, estaremos presentando nuestra perspectiva del asunto, no seremos objetivos y, por tanto, lo más probable es que caigamos en difamación. Si nuestro amado Dios ocupa el centro de nuestra familia, es a Él a quien debemos acudir, en la certeza de que responderá oportunamente, ofreciendo salidas eficaces a los conflictos.

No podríamos terminar si hacer énfasis en la necesidad de volver nuestra mirada al Señor Jesús, permitirle que sea nuestro Salvador. Este paso se da cuando le abrimos las puertas de nuestro corazón. Puedo asegurarle que no se arrepentirá.

4. Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:
  1. ¿Ha experimentado en carne propia el tremendo desaliento que producen los enfrentamientos constantes en la pareja?
  2. ¿Hemos podido establecer hasta qué punto contribuimos a agrandar los conflictos, como consecuencia de nuestro orgullo?
  3. ¿De qué manera reaccionamos ante las ofensas de nuestra pareja cuando hay discusiones?
  4. ¿Hemos mostrado disposición de perdonar la ofensa de nuestro cónyuge y comenzar de nuevo?
  5. De acuerdo con el plan original, ¿cuál fue el papel de Eva en la vida de Adán y cuál es para nosotros hoy, la función de la esposa?
  6. ¿Qué lugar concedemos a la esposa en el hogar?
  7. ¿Cuál es nuestro trato hacia ella (1 Pedro 3:7)?
  8. ¿Comprendemos, de acuerdo con la Biblia, lo que significa ser una sola carne?

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