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Hacer de la felicidad un hábito diario

Hacer de la felicidad un hábito diario

1. Lectura Bíblica: 1 Tesalonicenses 5:16; Filipenses 4:1; 3:1

2. Versículo para memorizar:

“Por lo tanto, mis amados hermanos, manténganse fieles al Señor. Los amo y anhelo verlos, mis queridos amigos, porque ustedes son mi alegría y la corona que recibo por mi trabajo.” (Filipenses 4:1; 3:1. NTV)

3. Reflexión en la Palabra de Dios:

Quizá leyó alguna vez la historia del hombre feliz que no tenía camisa. La escribió el autor ruso, Leon Tolstói (1829-1910) y, relata:
 “Cuando el zar enfermó gravemente, de nada sirvieron todos los remedios que se pusieron a su disposición para que mejorara, por lo que prometió la mitad de sus posesiones a aquel que pudiera devolverle la salud. Y así fue como un trovador le indicó que sanaría si encontraba a un hombre feliz y vestía su camisa. Los emisarios del zar recorrieron todo el mundo buscándolo, pero no encontraron a nadie que estuviera completamente satisfecho y feliz. Sin embargo, cuando al fin lo hallaron, no encontraron el ansiado consuelo: el hombre feliz no tenía camisa.”
Una historia interesante, sobre todo para nosotros hoy donde hay un afán sin precedentes por encontrar la felicidad.

Hay quienes la procuran luciendo una silueta estilizada, adquiriendo muchos bienes económicos, escalando socialmente o tal vez en su trabajo, el que se esfuerza por tener todos los títulos académicos que ofrezca la universidad, comprando un auto lujoso o endeudándose por comprar la casa más hermosa de la ciudad. Sin embargo, una vez tienen lo que anhelaban, encuentran un enorme vacío en sus vidas.

En el libro “Vuelva a empacar sus maletas”, los autores consignan una reflexión valiosa:
“Por donde quiera que se mire, observará personas que persiguen la felicidad como si se tratara de algo que se pudiera capturar y meter en una jaula. Pero si inmovilizamos la felicidad lo único que hacemos es destruirla. La felicidad es demasiado dinámica para soportarla, no necesita espacio para obrar. Es preciso que le dé tiempo, que la deje vagar por ahí, que le permita sorprenderlo.” (David A. Shapiro y Richard J. Leider. “Vuelva a empacar sus maletas”. Editorial McGraw Hill. México. 2006. Pg. 12)
¿Qué es la felicidad? Una pregunta de tan solo cuatro letras que si usted la formulara en las Redes Sociales, no alcanzaría el espacio para que sus amigos, familiares y hasta desconocidos opinaran y, puedo asegurarle, difícilmente acertarían.

El apóstol Pablo, escribiendo a los creyentes del primer siglo y con particular énfasis a nosotros hoy, anima: “Estén siempre alegres.” (1 Tesalonicenses 5:16. NTV)

Por favor léalo de nuevo. Son solo tres palabras pero encierran una profunda enseñanza. ¿Por qué? Porque es evidente que la alegría sí es posible; en segundo lugar, que somos usted y yo quienes permitimos que esa alegría inunde nuestro ser, y en tercera instancia, que es una actitud o hábito que debemos cultivar siempre.

Estando preso en una mazmorra, en medio de la humedad, los mosquitos y quizá la fiebre, el apóstol Pablo escribió: “Por lo tanto, mis amados hermanos, manténganse fieles al Señor. Los amo y anhelo verlos, mis queridos amigos, porque ustedes son mi alegría y la corona que recibo por mi trabajo.” (Filipenses 4:1; 3:1. NTV)

Él estaba feliz a pesar de estar atado con cadenas. Tenía claro que nadie, absolutamente, podía robarle su paz interior.

La felicidad no es la ausencia de problemas ni tampoco irla bien con todo el mundo. Siempre surgirán situaciones inesperadas que procurarán desestabilizarnos.

La verdadera felicidad parte de la armonía en nuestro mundo interior, que se logra cuando dependemos de Dios, permitimos que Él gobierne nuestro corazón y no dejamos que factores externos nos roben la paz. He ahí la auténtica felicidad, que transmitimos a la familia y a las personas de nuestro entorno.

¿Está buscando la felicidad? Depende de usted tomar la decisión, no de los factores externos ni de otras personas. Y el primer paso en esa dirección es recibir a Jesucristo como señor y Salvador de nuestra vida.

Él nos lleva a un proceso de cambio y crecimiento que sienta las bases de la paz interior, fundamento de la felicidad. No tarde en tomar esa decisión. Éste es el momento para hacerlo. No se arrepentirá.

4. Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a. ¿Por qué cree que las personas no encuentran la felicidad?

b. ¿Qué ha hecho usted en procura de alcanzar la felicidad?

c. ¿Podría decir que alguna vez fue feliz o todavía está intentándolo?

d. ¿Cuándo renunció a ser feliz?

e. ¿Ha pensado que es en Dios en quien se encuentra la verdadera felicidad?


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