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Aprenda a esperar en el tiempo de Dios

Aprenda a esperar en el tiempo de Dios

1.- Lectura bíblica: Eclesiastés 3:1: Salmos 31: 15.

2.- Versículo para memorizar:

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3:1| RV60)

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

La llaman la flor de Nagapushpam. Es extraña y, al mismo tiempo, una especie muy hermosa. Lo curioso— además de que no es muy común —, es que florece cada 36 años en el Himalaya.

Quien desea apreciar los diversos colores y la extraña forma de la planta, debe esperar que transcurran los días, las semanas, los meses y los años. No deben desesperarse, simplemente confiar y dar un compás de espera hasta que se produzca el momento oportuno.

Al ver una fotografía de esta singular expresión de la naturaleza, pensé en el tiempo de Dios para que las cosas ocurran.

Hace muchos siglos el rey Salomón escribió en el libro de Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”

Ese capítulo es una verdadera joya de la Biblia en la que aprendemos que de nada sirve afanarnos. En el momento oportuno, en el plan de Dios, las cosas ocurrirán.

En el Salmos 31:15 leemos: “En tu mano están mis tiempos…”

El rey David se refería a la potestad que tiene el Señor para que las cosas ocurran en nuestra vida, y en la de los seres que amamos y que integran nuestro círculo familiar.

Al apreciar estos pasajes de la Palabra, aprendemos que nuestra mirada debe enfocarse en tres elementos:
  • Fe en que las cosas buenas ocurrirán.
  • Desarrollar la capacidad de esperar.
  • Aprender a perseverar, sin desmayar.
Cuando procuramos que ocurra aquello que anhelamos, incluso con rapidez, solemos caer en el terreno de la desesperación.

Angustiarnos no acelerará el cumplimiento de las promesas divinas. Por el contrario, nos llevará a cometer errores.

Como el salmista lo dijera, hoy es el día para repetir: “En tus manos están mis tiempos.” Con ayuda de Jesucristo podemos hacerlo.

Hablando de Cristo, ¿ya recibió a Jesús como su único y suficiente Salvador? Hoy es el día para que lo hagamos y, prendidos de su mano poderosa, emprendamos el maravilloso camino hacia la transformación personal, espiritual y familiar.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Me afano porque las cosas se hagan ya mismo y porque las promesas de Dios se cumplan de inmediato?

b.- ¿Me desespero cuando no veo resultados prontos?

c.- ¿He llegado a desconfiar de Dios y de sus promesas?

En adelante, voy a depositar toda mi confianza en que Dios responderá oportunamente a sus promesas.


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