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7 principios bíblicos para controlar su ira

7 principios bíblicos para controlar su ira

1.- Lectura Bíblica : Proverbios 14:17; Santiago Santiago 1:19; 3:14, 15.

2.- Versículos para memorizar :

“Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira…” (Santiago 1:19. LBA)

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

¿Cuántas veces la ira le jugó una mala pasada? Vamos, piénselo. Podría decirle sin temor a equivocarme que en muchas ocasiones. Lo más complejo del asunto es que esa rabia le robó un buen momento con su familia o tal vez con los seres que aprecia.

Controlar la ira es posible. Lo importante es identificar cómo son sus reacciones.

Las personas que se ven atrapadas por la ira, deben evaluar qué tipo de emoción descontrolada es la que toca a su puerta. Podríamos definirlas de una manera sencilla:
  • La agresiva, que tiene qué ver con actitudes violentas y de falta de respeto.
  • La pasiva, en la que aparentemente todo está bien porque no hay manifestaciones, pero por dentro hay resentimiento.
  • La sutil, relacionada con cierta incomodidad interior ante algo que no resultó como se esperaba.
Tenga presente que los comportamientos agresivos y hostiles no solo lesionan a quien recibe esa descarga negativa sino a su protagonista. Van en contra de la esencia del ser, y más como nosotros, creados por Dios para experimentar una vida plena.

Cuando vamos a las Escrituras encontramos 7 aspectos que son fundamentales para entender la dinámica de la ira: cómo se inicia, adónde lleva y de qué manera controlarla:

1.- Quien se deja arrastrar poa la ira, generalmente no controlan lo que dicen y causan heridas con sus palabras: "… que afilan su lengua como espada, y lanzan palabras amargas como saeta,” (Salmos 64:3; Cf. Romanos 3:14. La Biblia de Las Américas)

2.- Los raptos de ira afectan nuestro testimonio cristiano: “Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad…” (Santiago 3:14, 15. LBdlA)

3.- Quien se deja arrastrar por la ira, levanta barreras en las relaciones interpersonales, comenzando por la familia. "El hombre pronto a la ira obra neciamente, y el hombre de malos designios es aborrecido.” (Proverbios 14:17. LBdlA)

4.- Dejarnos arrastrar por la ira, destruye vidas y relaciones, incluyendo por supuesto a la familia: "Como rugido de león es la ira del rey, y su favor como rocío sobre la hierba.” (Proverbios 19:12)

5.- Quien se deja arrastrar por la ira, es mirado desde la perspectiva bíblica como un insensato: "No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo se anida en el seno de los necios” (Eclesiastés 7:9)

6.- Quien sigue a Cristo debe escuchar, evaluar y racionalizar antes que dejarse arrastrar por la ira: “Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira…” (Santiago 1:19. LBA)

7.- Si no podemos evitar que algo nos indigne y llene de enojo, debemos controlarnos para no pecar. Nuestra tarea se enfoca en no permitir que la situación persista: “AIRAOS, PERO NO PEQUEIS; no se ponga el sol sobre vuestro enojo...” (Efesios 4:26. LBdlA).

La especialista colombiana, Costanza Flórez, comentó:
“Los efectos de esta tendencia a la ira no solo se ven a nivel familiar y social, sino laboral. Esto se evidencia en personas que disfrazan su ira y aplican formas disimuladas de agresión, como hacer cosas que sabe que no les gustan a otros, hacer comentarios sarcásticos o sabotear objetivos, por ejemplo, asistiendo a una reunión pero sin participar, llegar tarde o no cumplir sus labores”.
Querámoslo o no, hay dos hechos que confrontamos a diario: La ira puede rebasar nuestros límites en cualquier momento, y segundo, es necesario asumir el control de nuestras emociones porque podríamos cometer locuras.

Es probable que por mucho tiempo se haya dejado arrastrar por la ira, pero llegó el día de poner coto a la situación. Podrá vencer sobre esa emoción descontrolada. No es en sus fuerzas sino en el poder de Dios. Él nos da la fortaleza y la capacidad necesarias para lograrlo.

El primer paso es esencial: recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. El segundo, rendirle a Dios todas nuestras emociones. La oración es un buen camino en esa dirección. Podemos asegurarle que, si lo hace, apreciará cambios significativos y gratificantes en su forma de pensar y de actuar. Ábrale hoy su corazón a Jesucristo.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Se deja dominar por la ira?

b.- ¿Podría mencionar algunas de las consecuencias que ha traído ese comportamiento descontrolado?

c.- ¿Anhela vencer la ira que lo lleva a cometer locuras?

d.- Para vencer la ira, ¿ha recurrido a Dios?

Una Meta: en adelante rendiré mis pensamientos y reacciones en manos de Dios.


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